miércoles, 31 de agosto de 2016

Capítulo XXVIII. Lo que no logró la medicina lo consiguió el amor.



María, ante todo te doy las gracias por escuchar la historia de mi vida, ahora me conoces mejor y tienes la última palabra, como has podido observar no he sido trigo limpio y he cometido errores en mi vida: sí a pesar de ello estás decidida a casarte conmigo me gustaría que empecemos desde cero una vida nueva, quiero olvidar todo lo negativo que he vivido y ser el hombre de tu vida hasta que la muerte nos separe, no obstante, si después de oírme deseas cambiar de opinión sobré nuestra relación sabré comprender tu decisión.
―Arturo, recuerda que antes de contarme tu historia de vida dije que no me importaba tu pasado y que sólo tendría en cuenta lo que ocurra a partir de este momento. Sé lo que has sufrido en tu vida y lo que amaste a Ana, yo me conformo con la mitad de lo que amaste a ella, en lo que respecta a mi te puedo decir, que seré merecedora de tu amor y que te amo tanto como ella por no decir más. En cuanto a lo de tu hija, te prometo hacer cuanto esté en mi mano para que la conozcas. Posiblemente que este casada y puede que tengas nietos que no conoces, pero para que pueda hacer gestiones de búsqueda por mi cuenta tendrás que dar tu autorización, ya que nunca hare algo que no desees, pero permite que te diga que lo primero que deberíamos hacer es normalizar lo antes posible nuestra situación casándonos.
―De acuerdo mi amor, Mañana mismo empezaremos a tramitar las gestiones necesarias para contraer matrimonio.
Transcurridos diez días y en la más completa intimidad se celebró nuestra ceremonia en una pequeña Iglesia del barrio, y de mutuo acuerdo decidimos no celebrar banquete, no por falta de dinero, sino por mi precaria salud. Aún así, acordemos celebrarlo en casa con un pequeño aperitivo en compañía de dos testigos y unos amigos íntimos de mi esposa.
Se suele decir qué el amor lo cura todo y que mueve montañas, en mi caso fue acertado. Al año de estar casados y según el médico mi enfermedad se había estabilizado.
Obviamente, volver a enamorarme fue mí mejor medicina.
Por fin tuve estabilidad en mi vida y me sentí feliz gracias al amor de María, y aún fue a más al conseguir encontrar a la hija que daba por perdida y que tanto añoraba, y lo más gratificante, que mi hija también me estaba buscando. Nuestro primer contacto fue por teléfono y según manifestó sabía que no era hija biológica del hombre que en su niñez creía que era su padre, ya que su madre antes de morir le confesó que su padre biológico se llama Arturo y que trabajó en su finca para ellos, que posiblemente viviría porque cuando quedó embarazada era un adolescente. Además, le dijo que físicamente era clavado a ella y que éramos muy guapos. También fue informada de que su padre biológico nunca la abandono, sino que tuvo que huir forzosamente para evitar la cárcel, pues aún teniendo toda la razón, tenía la de perder por ser ellos los que tenían el poder y el dinero en aquella época.
 Al oír a mi hija que sabía lo que había pasado nos emocionemos los dos y empecemos a llorar.
Por nuestra conversación me entere que estaba casada, que amaba a su esposo, y que era abuelo de dos nietos, Juan Carlos de once años, y Ana María de ocho. Insistió mucho que me esperaba con los brazos abiertos, y que no tuviera temor de sus padres porque  habían fallecido. Su dirección era la misma que yo conocía, pues al fallecer estos heredó todos los bienes que poseían.
Finalmente, llegó el día que tanto soñé, tuve que esperar treinta y tres años para conocer a mi hija, que legalmente me pertenecía y me fue negada mi paternidad.
No puedo expresar con palabras mi emoción cuando me apeé del tren y vi a mi hija con su esposo y mis nietos por primera vez. Nos abrazámos y nos besámos llorando, la gente  nos miraba y se  extrañaban, pues el espectáculo no era para menos. Sin ninguna duda era mi hija su cara era mi propio retrato, y no lo decía yo, también lo decía mi hija y su esposo.
― ¡Papa…Papa…Somos Iguales!… No te das cuenta…
―Hija de mi vida, claro que me doy cuenta, ¡Eres mi propio retrato!
Mi hija insistió que nos quedáramos a vivir cerca de ellos y nos ofreció una de sus viviendas sin gasto para nosotros, pero teniendo en cuenta el sentir de María, que no deseaba irse de Barcelona―ciudad que la vio nacer y en la que vivió toda su vida no llegamos a quedarnos. Después de una larga semana en su casa, nos despedimos con la promesa de visitarnos y tener buena relación de padre e hija. También hicimos un recorrido por la comarca que nací visitando la casa de mis abuelos. Pero por desgracia estos habían fallecido y no me causó gran sorpresa por razones de edad.
Sin embargo, no fue todo tan negativo y conseguí ver a mi hermana Natalia. Esta, como dije en un capítulo anterior estaba casada y ya era madre de dos hijos. Igualmente vi a mi hermano Miguel que también se había casado y era padre de tres niños.
En cuanto a mi padre hacía años que había fallecido. Lo negativo para toda la familia―que, a pesar de las gestiones de búsqueda de mi hermana Elena por parte de mis hermanos nunca se supo nada de ella.
Regresamos a Barcelona satisfechos de haber conseguido lo que nos propusimos, recuperar lo que siempre me perteneció y me fue prohibido, disfrutar como padre a Mi hija, y todo gracias a María, la mujer que me dio su amor dando sentido a mi vida, y que me enseño, ¡¡¡que nunca es tarde para amar y que no importa la edad ni el pasado si se ama de verdad!!!  FIN












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