domingo, 4 de septiembre de 2016

Capítulo I Nunca es tarde para amar.


 
Portada Libro
José Antonio Sánchez Sánchez


Una vida en la encrucijada

Colección Hipocampo
 
"Reservados todos los derechos.De conformidad con lo dispuesto en el Codigo Penal vigente Estado Español, podrán ser castigados con penas de multa y privación de libertad quienes reprodujeren o plagiaren, en todo o en parte, una obra literaria, artistica, o científica, fijada en cualquier tipo de soporte sin la preceptiva autorización." 




Depósito legal: SE-3494-2009
ISBN-10:84-96662-57-8
ISBN-13:978-84-96662-57-5
Impresión: Publidisa



Con la fuerza de mi letra impresa dedico
a mis lectores esta historia de vida,
basada en hechos reales.
Los nombres de personas y de lugares
de esta obra son ficticios, y de existir
similitud con la realidad es pura coincidencia
El autor José Antonio Sánchez  




Sinopsis

Arturo es un enfermo desahuciado por la medicina que se enamora de su enfermera veinte años mayor que ella, esta corresponde a su amor y están a punto de casarse, pero antes de llevar a cabo la unión Arturo decide contarle su vida, por lo que el propio protagonista echa la vista atrás para buscar su pasado y contarlo. Así, que aunque la novela empieza en el tiempo presente, al lector lo transporta a la época de la posguerra española para contar de manera lineal su vida y en el último capitulo volver de nuevo al presente con su enfermera.






Capítulo I Nunca es tarde para amar.



Apenas había transcurrido un año del fatídico día que él médico me dio la noticia; las piernas se me doblaron y me quedé sin palabras:
―Arturo, trabajar tantos años en las minas de plomo te han ocasionado daños irreversibles en tus pulmones, desde que te diagnosticaron la silicosis hasta la fecha, tu enfermedad ha ido progresando. Como profesional de la medicina he de decirte la verdad, en tu estado no aguantarás mucho tiempo, pero si pones interés por tu parte podrías vivir algunos años más. Los tienes llenos de plomo y la medicina no da para más, Sin embargo, la ciencia avanza y nunca se tiene la última palabra. Cuando tengas dificulta para respirar tendrás que hacerlo con ayuda de una botella de oxígeno, habrá días que te dolerá el pecho, pero te recetaré calmantes que te ayudarán; de momento será mejor que te dé el alta, ya que el tratamiento lo puedes hacer en casa sin necesidad de estar hospitalizado.
Desmoralizado por esta noticia tan drástica para mí coincidí con el doctor que en casa estaría mejor que en el hospital. Me dirigí al pequeño piso que compre a las afueras de Barcelona, y que pague gracias al dinero de la indemnización que me pagó la empresa  por la enfermedad contraída, El piso era pequeño, pero era cómodo y lo tenía bien amueblado, disponía de un espacio de 65 m2, suficiente para una persona sin familia como mi propio caso, tenía dos habitaciones amplias, comedor espacioso, cocina y aseo; la fachada daba una parte al exterior, y en mis ratos de aburrimiento me entretenía observando desde mi balcón el ir y venir de los viandantes, sobre todo de las mujeres más bellas hasta que desaparecían de mi vista.
Para no encontrarme solo supuse que estaría bien atendido por mi vecina enfermera que llevaba varios años sin ejercer desde que perdió su trabajo, por supuesto que no lo haría gratis, pero no me suponía problema gracias a la pensión que me asignaron por mi larga enfermedad. Y en efecto, llegamos a un acuerdo en el salario con disponibilidad inmediata por mi delicada situación. La enfermera se llamaba María y era veinte años más joven que yo, separada sin hijos, estatura más bien alta 172 m² calculé, cuerpo delgadito y bien formado, ojos grandes color miel, pelo castaño, cara más bien redondita sonrosada, labios sensuales, pero una de sus virtudes que más me gustaba, que nunca le faltaba su bonita sonrisa siempre que se dirigía a mí.
Aparte de su belleza, su inactividad fue una gran baza para llegar a un acuerdo, y al no tener responsabilidades familiares disponía de tiempo suficiente para cuidarme.
Habían transcurrido dos meses desde que contraté sus servicios, y mí satisfacción era evidente, me trata correctamente como profesional, era cariñosa conmigo y se ofreció con el mismo salario realizar las tareas más elementales en mi hogar.
A la hora de ir dormir se despedía de mi dándome las buenas noches con su bonita sonrisa, al mismo tiempo que decía: ¡Hasta  mañana Arturo, que pases una buena noche!
Entre ambas viviendas la distancia era relativamente corta y casi siempre llegaba a mi casa antes de que despertara, pero a pesar de su interés por mí, una noche ocurrió lo que siempre temí: me puse tan enfermo que pensé que había llegado mi última hora, tenía fuertes dolores en el pecho y no podía respirar ni con ayuda de oxígeno, intenté llamarla por teléfono pero tenía las manos semidormidas y no pude hacerlo. En aquella situación angustiosa, aguanté hasta el día siguiente que vino. Al  ver el estado que me encontraba, se alarmó mucho y avisó de inmediato a un médico. Éste me recetó antibióticos y empecé a sentir una ligera mejoría. Lo había pasado tan mal que estuve a punto de comentar a María si podría quedarse por las noches en casa, pero pensé que sería pedir demasiado y no me atreví a tanto, una cosa era venir cada día a cumplir con su trabajo y otra quedarse a vivir en mi casa, la gente pensaría mal y desistí de ello. María pareció intuir lo que pensaba y sin más me dijo: Arturo, por qué no hablamos para dar una solución a tu problema, no te encuentras bien y no me gusta dejarte solo. He pensado si sería posible quedarme en tu casa hasta que mejores un poco, tienes una habitación libre y para mí no supone problema. Sé que eres muy comedido y que me dirás que no por mi reputación, pero yo nunca tuve perjuicios por lo que la gente diga, y  en este momento mi prioridad es tu salud.
Lo cierto era que no esperaba que se preocupara tanto por mí, me estaba ofreciendo lo que no me atreví a pedir y de inmediato acepté su ofrecimiento, María, además de cumplir bien con su cometido era muy tierna conmigo, me encontraba falto de cariño y nadie me lo ofreció desde tiempo atrás, para las mujeres era como si no existiera, no porque fuera feo ante el sexo opuesto, todo lo contrario, me consideraban agraciado y simpático. Mis rasgos eran los de una persona normal, estatura media, pelo rubio y ojos verdes como mi madre. No obstante, aunque tenía buen físico no tuve una pareja estable, y mis únicos contactos fueron fugaces en el tiempo, dos de ellos dejaron en mi vida heridas que aun habiendo cicatrizado perduran en mi mente, el primero manipuló mi inocencia para conseguir unos objetivos, el segundo, ¡Mi único amor! no llegue a disfrutarlo, pero lo dejo para contarlo más adelante, ya que por las secuelas que me dejaron merecen varios capítulos.
No obstante, me impuse que no debería encariñarme más de lo necesario con mi enfermera, María era una buena profesional que realizada bien su trabajo, que demostrara atención y cariño no significaba que sintiera algo más que cumplir con su trabajo.
Al año de vivir en mi casa me di cuenta de lo que significaba para mí, mis ojos me delataban, me había enamorado de María, y lo más complicado que se había dado cuenta. El día que cumplió años la obsequie con un regalo y me lo agradeció con una cena especial que ella misma había preparado.
Cenamos, reímos, y contamos chistes, como postre nos besamos al mismo tiempo que levantábamos nuestras copas para brindar:
― María es mucho lo que tengo que agradecerte, ¡Que seas muy feliz! y que cumplas muchos años.
Después de darme las gracias me miró fijamente a los ojos:
― ¡Arturo soy mujer, y las mujeres intuimos lo que sienten los hombres! Es como si tuviéramos un sexto sentido, te veo muy cambiado y tus ojos te están delatando, ¿Qué te sucede? ¡Dime la verdad!, me da la sensación que tu cariño va más allá del que te ofrezco por razones de mi trabajo. ¿No te habrás enamorando de mí?
Era lo que temía, había descubierto los sentimientos que siempre traté de ocultar, mi corazón aceleró las pulsaciones y no pude pronunciar palabra, finalmente reaccione y con mucha dificultad balbuceé:
―¡Has acertado María! me he enamorado de ti y lo he sufrido en silenció, en mi precaria situación no tendría que enamorarme, soy un enfermo terminal y veinte años mayor que tú, que es un amor imposible pero no pude evitarlo, perdóname.
― ¡Cariño! Si se tuviera que perdonar por amar tendríamos que perdonarnos los dos, Está claro que nos hemos enamorado y que el amor no tiene edad.
Al oír que mi amor era correspondido la bese con ardiente pasión y terminemos compartiendo cama aquella misma noche, y nos propusimos legalizar nuestro estado casándonos lo antes posible y vivir nuestro amor con intensidad al ser conscientes de mi esperanza de vida.
Pero antes de unirnos en matrimonio, había algo en mi vida que mi prometida debía saber, le pedí que me escuchara y me dispuse a contarle mi pasado, me volvió a besar y su respuesta fue:
―De acuerdo mi amor, si lo deseas estoy dispuesta a escuchar, pero quiero que sepas que sólo tendré en cuenta lo que ocurra a partir de este momento en nuestra relación.
― ¡Gracias mi amor! Sabía que me darías esta oportunidad y no esperaba menos de ti. ¡María, eres tú la que vas a dar sentido a mi vida ofreciéndome el amor que el destino me negó y lamento no haberte conocido antes para disfrutar de tu amor. Tú ya sabes que mi vida no ha sido fácil, y antes de casarnos me gustaría que conozcas al hombre que vas a entregar tu corazón, te ruego que escuches y seas consciente del camino que he recorrido hasta llegar a ti. Es verdad que he vivido tiempos muy duros, pero también es verdad que no supe aprovechar las oportunidades que la vida me ofreció. En este momento me viene a la mente la hija que tengo por razones del azar y que nunca cuide, y lo más triste, no tener constancia si está viva; prefiero imaginarla feliz y llena de vida al lado de su madre, soy consciente de que nunca intenté buscarla, pues de haberlo hecho habría sido un problema para ella; motivo por el que preferí permanecer en el anonimato. Sé que en la actualidad nada de aquello podría pasar gracias a la democracia que disfrutamos, pero en aquellos años oscuros de la dictadura todo era posible en España.









7 comentarios:

  1. La verdad ,para el amor nunca es tarde no tiempo ,edades color y tamaño ,sólo es decidirse entre dos.

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  2. La verdad ,para el amor nunca es tarde no tiempo ,edades color y tamaño ,sólo es decidirse entre dos.

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  3. El AMOR SIEMPRE ESTA PRESENTE,SOLO ESPERAR EL MOMENTO DE MANIFESTARLO A LA PERSONA INDICADA, NO HAY EDAD PARA AMAR...

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  4. Amigo gracias por compartir tu libro no he dejado de leer los capítulos del.un gran abrazo mi querido amigo.

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  5. Amigo gracias por compartir tu libro no he dejado de leer los capítulos del.un gran abrazo mi querido amigo.

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