viernes, 2 de septiembre de 2016

Capítulo XXI. Mi servicio militar.



Isla de Alboran (España)


Me encontraba viviendo en casa de mi amigo cuando fui llamado a filas para cumplir el servicio militar, que en aquella época era obligatorio y no voluntario y pagado como en la actualidad. Sin embargo, Ricardo se libró por tener que cuidar de su madre por la minusvalía que padecía.
Me gustaría comentar la disciplina que existía en el ejército en la dictadura de Franco, el mismo día de ingreso nos pelaban al cero y nos dejaban la cabeza como una bola de billar, a los tres meses de instrucción nos enviaban a un nuevo destino, pero antes había que jurar bandera. El juramento consistía en  prometer a España derramar hasta la última gota de de sangre si preciso fuera por nuestra patria, y la insubordinación se castigaba en el acto, que quiere decir qué, en el supuesto caso de desobediencia a un superior nos pegaban dos guantazos en el acto; lo degradante, que después de recibir la agresión por parte del superior había que cuadrarse en posición de firme, llevar la palma de la mano derecha a la frente y pronunciar estas palabras, “A sus órdenes mi sargento, manda alguna cosa más”. Bajo mi punto de vista, además de ser degradante, atenta contra la dignidad del ser humano.
Nunca conseguí olvidar el castigo injusto que me aplicaron por el simple hecho de escribir un poema erótico cuando casi todo estaba prohibido en España.
En aquella época empecé a sentir el gusanillo de escribir y en mis ratos de ocio se me ocurrió escribir un poema erótico que titulé ¡El sueño de una doncella! Esta ocurrencia la pague muy cara y ocurrió así, me encontraba de servicio de guardia y se me ocurrió leerlo a mis compañeros, estábamos tan distraídos con la lectura que no advertimos la aproximación del teniente de guardia, este pidió el impreso y mirándome con cara de pocos amigos, dijo: ¡Es muy bonito! ¿Pero cómo te atreviste a escribir esta guarrada? 
Sin darme tiempo a réplica se ausentó llevándose el impreso para regresar transcurridos cinco minutos en compañía del cura, que era militar con la graduación de teniente.
El cura se dirigió a mí en plan autoritario y me ordeno que les acompañara.
Les seguí muy nervioso siendo consciente que me traería un gran disgusto escribir aquel poema, que en la actualidad con la democracia que disfrutamos no habría tenido importancia, pero en la época de la dictadura era un delito, y no me equivoqué en mi temor, me raparon la cabeza y me aplicaron siete días de arresto sin salir a la calle.
En la actualidad y aunque existen normas de disciplina es todo diferente; pues sin generalizar no se dan abusos de autoridad, contando que el militar tiene deberes y derechos y un defensor para denunciar los abusos si se dieran.
Tampoco puedo dejar de comentar las carencias alimenticias que se padecían en el ejército en aquella época, sobre todo los que no tenían familia como mi propio caso; sin embargo, a los que tenían esa dicha les ayudaban con dinero, o bien les mandaban paquetes de comida para apaciguar el hambre.
Los tres meses de Instrucción también fueron duros, y por fin llegó el día de jurar bandera. Aquel día fue fiesta y nos dieron una comida especial. A partir de aquel acontecimiento nos destinaron a diferentes acuartelamientos para prestar dieciocho meses de nuestras vidas al servicio de España, y por un corto periodo de tiempo me destinaron a la Isla de Alborán con otros veinte compañeros, un sargento y un cabo 1º.
Alborán es un islote volcánico que pertenece a la provincia de Almería (España), y está situado en el mar mediterráneo a mitad de camino entre el litoral de dicha provincia y el norte de África. Es una isla pequeña de roca volcánica y guano, con una longitud de 642 metros y 265 de anchura. Entre las escasas construcciones existe un faro que está actualmente automatizado, y aunque resulte sorpréndete por su pequeñez, cuenta con campo de fútbol y un cementerio. En dicho cementerio hay tan solo tres tumbas. Dos son de esposas de antiguos fareros. La tercera no tiene nombre, pero se cree que pertenece a un aviador alemán de la Segunda Guerra Mundial que llegó arrastrado por la corriente tras haber sido derribado. Situada en una importante zona sísmica que choca la placa africana con la euroasiática, Alborán se sitúa en el epicentro de un buen número de seísmos de baja intensidad, la tierra es mala. No hay árboles ni agua potable, ni crecen las plantas que han intentado sembrar. El enrojecido suelo está cubierto de una vegetación parda y triste, yerma para los ojos del profano, fabulosa para el botánico, y para los pescadores cuando logran localizar los bancos de  gamba roja que pululan por aquella zona.
La isla es relativamente pequeña, y la presencia de un destacamento de soldados, no tiene otro objetivo que ejercer la soberanía española de la Isla, teniendo como misión específica mantener un servicio de vigilancia del tráfico marítimo y aéreo en el Estrecho de Gibraltar. Mantener las instalaciones y vigilar que no se cometan delitos ecológicos.
Durante aquellos cuarenta días, podría decir que no lo pase mal, pues la alimentación era buena, aparte nos daban unos incentivos por estar aislados en una isla tan pequeña. Otra cosa era el aislamiento total de la civilización. Aquellos cuarenta días se me hicieron interminables y monótonos, ya que en plena juventud echaba en falta al sexo opuesto. Para aplacar mi ansiedad de sexo me autosatisfacía yo mismo, como una mayoría de compañeros, pero no era suficiente y hubiera dado un ojo  de la cara como se suele decir por ver una mujer, ¡aunque hubiera sido para recrear  mi vista!
Una vez cumplidos los cuarenta días de nuestra estancia en la Isla, nos relevo un pelotón de soldados que procedían del acuartelamiento de Málaga. De transporte para nuestro destino, utilicemos el mismo barco que utilizó nuestro relevo, aunque no fuimos directamente a Málaga, ya que el barco tenía que transportar avituallamientos a Melilla para un cuartel del ejército.
La ciudad de Melilla es un enclave español situado en la región del Rif en el norte de África a orillas del mar Mediterráneo, frente a la costa meridional de la península Ibérica, limita con Marruecos cercana a Argelia. 
La ciudad y su territorio se extiende sobre 12,3 km2 de superficie en la parte oriental del cabo de tres Forcas, en la actualidad alberga una población de 67.000 habitantes. Presenta diversas particularidades fruto de su posición geográfica e historia: en su activad económica, así como en su cultura, destaca la influencia de minorías de confesión musulmana, judía e hindú, y su patrimonio arquitectónico se puede considerar, junto con el de Barcelona, de estilo modernista español de principio del siglo xx.
Una vez que llegamos a Melilla y atracado el barco en el puerto, descargaron los avituallamientos que transportaba para el ejército. Después de almorzar nos dieron siete horas de permiso para ver la ciudad, pues el buque tenía que hacerse a la mar el mismo día a las 23:45 horas en dirección a Málaga. Lugar definitivo para cumplir los días que me faltaban de servicio militar. Por lo tanto, media hora antes de que zarpara, todo el personal debería de estar abordo sin falta, pues de lo contrario corría el peligro de quedar en tierra, y recibida la orden de salida era irrevocable, a no ser por alguna emergencia. La falta de alguno de los soldados se consideraba falta grave y le podía suponer un mes de calabozo, siempre que se presentara antes de tres días, en caso contrario sería dado por desertor, y con las leyes penales que existían en la época de la dictadura en el ejército, probablemente sería enjuiciado por un tribunal militar, conllevando esta falta una pena que tendría  que cumplir en un penal militar.














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